11.7.12

La plaga éramos nosotros.

Siempre me ha interesado la muerte desde que vi cómo ese ratón se desmayaba tras ser envenenado. Mi hermano me cogía del brazo para que dejara de ver algo tan espantoso gritando mi nombre.

-Déjalo ya, Lys. Es una escena grotesca; vámonos.

Y es que, después de la plaga de ratones que asolaban la ciudad, eso era lo habitual: ver a esos animales morir mientras la gente los miraba con asco.
Nunca maté a un animal; los veía tan superiores a nosotros... Pero reconozco que siempre me ha gustado ver cómo los humanos morían, igual que aquellas ratas indefensas. Envenenados mientras me miran con esos ojos a punto de salirse de sus órbitas; asfixiados. Creían que me iba a abrir de piernas tal fácilmente mientras se tomaban la copa de vino con un par de gotas de cianuro. Pobres ingenuos; tan débiles como aquellos animales.
Y ahora, cada vez que paseo por la abarrotada Time Square, me acuerdo de la invasión de esos roedores y cómo se cubrían las calles de esos animales. Me pregunto por qué los mataron, si la plaga éramos nosotros



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