21.3.12

Como un fuego en pleno invierno.

¿Sabes? Cuando te conocí me enamoré nada más verte. Sí, puede sonar superficial, pero decidí cambiar todas  las cosas que se veían rotas por fuera, desde dentro. Y quise cambiar aquella sonrisa forzada por los golpes. Aquellos ojos entristecidos y nublados por las lágrimas. Aquel pelo descuidado y enredado.
Y pude descubrir lo bella que eres cuando te empapas de felicidad, cuando desnudas tu alma y de paso tu cuerpo. Y fui yo con mis propios dedos quién enredaba tu pelo, rojo como el atardecer de verano, como un fuego en pleno invierno. Descubrí que el color de la hierba, mientras estabas tumbada con tu vestido de flores, contrastaba perfectamente con tu piel clara; tus ojos, (¡oh, tus ojos!) iluminaron todo el parque cuando me mirabas y sonreías. Que no había mayor manjar que tus labios; que mi lugar favorito era tu ombligo.
Te convertiste en mi mayor equilibrio y entonces me di cuenta de que conseguí hacerte feliz.

Porque eras feliz, ¿no?


No hay comentarios:

Publicar un comentario