1.1.12

Por no sentir, ya no sentía ni el latir de su corazón.

Estaba sentada en la bañera, el agua caía desde hacía más de una hora. Su piel, desnuda y blanca, empezaba a coger un color rojizo por el calor. La gotas hacían carreras en el cristal del baño. La ropa de Marlene estaba tirada en el cuarto de enfrente, dónde lo había hecho con un desconocido. 
Pasaron toda la noche de Fin de Año juntos en una cama, ahora deshecha, de un motel a las afueras de Berlín. 
Sus campanadas habían sido los gemidos de aquel hombre y su celebración, un orgasmo exagerado después de un par de rayas. Y ahora estaba allí, sola, en un baño medio sucio. Intentaba aclarar su mente mientras se aclaraba la piel sucia, según ella, por lo que había pasado estos meses. 
Su exilio a Alemania, los problemas con Yax, las drogas y los excesos (como los de aquella noche), habían convertido su vida en un auténtico infierno. Sus recuerdos la apedreaban y hacían que no pudiera pasar más sentimiento que dolor; por no sentir, ya no sentía ni el latir de su corazón.
Cuando la bañera se llenó lo suficiente, se sumergió en ella. No quería salir. Quería estar allí horas, tal vez días o quizá para siempre.

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