23.10.11

Corazones a ritmo de Jazz.

Nunca enterraste tu orgullo (ese que tanto odiaba) mientras discutíamos con miradas y movimientos de cabeza que negaban lo que decíamos. Nunca hicimos de las palabras una forma de expresión; bastaba con mirarte y notar cómo se curvaban mis labios cuando tus ojos miraban los míos. ¿De verdad te preguntabas cuál era la razón de mi sonrisa en aquellos momentos? Sé que no, sé que lo sabías.
Recuerdo tus manos rozando mi espalda mientras besabas mi cuello y cómo hacías que mi corazón sonara a ritmo de Jazz, igual que tu guitarra cuando me dedicabas las frases más bonitas de cada canción. 
Tal vez ahora me dediques los estribillos más desgarradores. Yo, al contrario, te dedico mi respiración. Sí, esa que cortabas con cada abrazo.

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