27.9.11

Despertarse y volver a la realidad.

Se abrazaban con ternura. Ella apoyaba su cabeza en el pecho del chico y éste pasaba sus brazos con dulzura por la cadera de la mujer. Habían escapado de las burlas de los demás y se habían escondido detrás de un arbusto en algún parque cercano. Ahora no existían más que ellos dos; sostenidos el uno por el otro por unos cimientos construidos en el corazón de cada uno.


- No me dejes nunca - susurró la chica. Sus palabras sonaron a una despedida, bonita, pero un adiós al fin y al cabo -. Pase lo que pase, quédate a mi lado.


- Siempre estaré junto a ti - contestó él -. No te dejaré, lo prometo.


Ella se apretó más contra su pecho y él hundió la cabeza en el pelo de la muchacha. Cuando levantó la cabeza, la chica se esfumó como si fuera arena cuando el viento sopla fuerte. Se le escapó de sus dedos como un pájaro malhumorado. 


Se dio cuenta de que no se encontraba en el lugar de antes. Estaba en una sala, había una fiesta. Ella se encontraba en el centro; no era la misma que había abrazado segundos antes. En ese momento la chica besaba a cualquier hombre y en la mano llevaba una botella de vino barato que bebía sin miramiento. 
De repente, la música se paró y todos los ojos se dirigieron a él. Ella lo miraba de arriba a abajo, con gesto extraño, como si no pudiera reconocerlo. 
Se acercó temeroso hacia ella, tan cerca como pudo. Acarició su rostro suave, demacrado por nicotina, alcohol y exceso de maquillaje. Por un momento sus ojos se cruzaron y entonces todo se volvió oscuro...

Aston se despertó en la cama sudando y con la respiración acelerada.

- Otra vez ese maldito sueño - se dijo.

Habían pasado tantos años desde que estuvo enamorado de ella que todo le parecía a esas alturas irreal, una mala pesadilla y no más. Y es que después de aquello aprendió que en el amor, como en cualquier sueño, hay que despertarse y volver a la realidad.

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