29.8.11

Tropiezos.

Seré como una lágrima recorriendo tu cara, me dijiste. Nunca lo entendí, era feliz con éso, ¿sabes? Suponía que era un sinónimo de felicidad. Que significaba que llenarías mi interior tanto como lo llena el agua que hay en mi cuerpo, hasta rebosar.

Después lo entedí bien. Sí que fuiste como esas gotas. Caías en ellas y ellas caían por ti.
Nunca me las reclamaste, nunca quisiste saber de ellas. Desapareciste sin más y de recuerdo me dejastes litros y litros de lágrimas.

Ahora me siento como una cerilla carbonizada. El fuego se ha apagado y no queda más que polvo en un interior en tinieblas. Y eso que me prometí no volver a caer.

Si los humanos tropezamos dos veces con la misma piedra, yo he tropezado por decenas de ellos.

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